Los terremotos de junio dañaron la infraestructura y aumentaron la incertidumbre, pero el sector de exploración y producción de Venezuela ya estaba limitado por las sanciones, los contratos débiles y el suministro eléctrico frágil.

Los recientes terremotos en Venezuela no crearon el problema de inversión petrolera del país; simplemente revelaron su precaria situación. Si bien los temblores causaron graves daños humanitarios, la mayor preocupación para el sector energético radica en que añadieron una nueva incertidumbre a un sector que ya luchaba por convertir los aumentos de producción en compromisos de capital duraderos.

Los riesgos estructurales son anteriores a los terremotos.
Antes de los terremotos, la producción de crudo de Venezuela se había recuperado hasta alcanzar aproximadamente 1,2 millones de barriles diarios, pero este nivel aún se encuentra muy por debajo del objetivo gubernamental de 3 millones de barriles diarios para 2030. Reuters informó que las exportaciones llegaron a 1,25 millones de barriles diarios en mayo, lo que muestra cierto dinamismo, aunque insuficiente para indicar un ciclo de inversión estable. El problema no radica simplemente en la geología: es la dificultad de convertir los acuerdos preliminares en contratos vinculantes y, posteriormente, en inversiones a largo plazo en la fase inicial de la producción.

¿Qué cambió después de junio?
Los terremotos alcanzaron magnitudes de 7,2 y 7,5, y según informes de aljazeera.com, el desastre causó miles de muertes y graves trastornos en las zonas norte y costera. De acuerdo con el informe adjunto, los daños directos a los yacimientos petrolíferos en la Faja del Orinoco y el Lago de Maracaibo fueron mínimos, pero la red eléctrica nacional sufrió graves impactos, provocando apagones en varios estados. Reuters ya había señalado en mayo que menos del 40% de la capacidad de generación de Venezuela estaba disponible, lo que subraya cómo la debilidad de la red puede convertirse rápidamente en un riesgo para la producción petrolera.

La inversión sigue siendo cautelosa.
Operadores internacionales como Chevron, Eni y Repsol han continuado operando, pero el informe señala que ninguno ha incrementado significativamente sus compromisos de capital. Reuters también documentó nuevos acuerdos y cambios de política a principios de 2026, incluyendo acuerdos de gas con Repsol y Eni, pero estos no se han traducido completamente en una confianza generalizada en el sector upstream. Un obstáculo importante es la liquidación comercial: Venezuela ha endurecido los plazos de prepago y pago del petróleo en los últimos años, incluyendo acuerdos que involucran efectivo, bienes o servicios, lo que complica la planificación de ingresos y la gestión del balance.

Perspectivas energéticas
El mensaje central es que el desafío petrolero de Venezuela es estructural, no solo sísmico. Los inversionistas están sopesando el riesgo político, la confiabilidad del suministro eléctrico, el cumplimiento de los contratos y los mecanismos de pago, además del estado físico de los activos. A menos que mejoren estas limitaciones, es probable que los terremotos se recuerden menos como la causa de la incertidumbre en las inversiones y más como el evento que hizo imposibles de ignorar los riesgos existentes.



Fuente: Discovery Alert .




 

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