Yamil Nacif, presidente a.i. de la CAO, hace notar que una nueva fase del debate energético y productivo: eliminar la distorsión del combustible puede resolver el problema del abastecimiento, pero no garantiza por sí solo competitividad.

Abner Flores/ENERGÍABolivia, Santa Cruz, 5 de octubre de 2026.-
La normalización del abastecimiento de diésel marca un cambio importante para el sector agropecuario boliviano. Según el presidente a.i. de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Yamil Nacif, la existencia de un precio único permitió que el combustible vuelva a encontrarse en los surtidores y redujo las colas y el mercado negro que habían acompañado la escasez. Sin embargo, el alivio logístico tiene una contraparte económica: el precio pasó de Bs 3,70 a niveles de Bs 16, 17, 18 e incluso Bs 20 en compras privadas, lo que, de acuerdo con la referencia planteada por Nacif, representa un incremento de hasta 480%. Para una actividad intensiva en maquinaria, transporte y labores agrícolas, el diésel deja así de ser solamente un problema de disponibilidad y se convierte en un componente determinante de los costos de producción.

El cambio tiene una segunda consecuencia: el agro deberá producir bajo una estructura de costos más cercana a los precios internacionales del combustible, pero no necesariamente bajo condiciones internacionales de competencia. Esa es la principal preocupación planteada por la CAO. Nacif reclama que, si el sector debe asumir un combustible más caro, también necesita herramientas que eleven su productividad y reduzcan las desventajas frente a productores de otros mercados. En ese escenario, la discusión deja de centrarse únicamente en el precio del diésel y se amplía hacia la biotecnología, el acceso a mercados y las condiciones de producción. El combustible es un insumo transversal para la agricultura, por lo que su encarecimiento puede repercutir en la preparación de tierras, siembra, cosecha, transporte y, finalmente, en el precio de los alimentos.

El planteamiento de la CAO coloca al Gobierno ante una nueva fase del debate energético y productivo: eliminar la distorsión del combustible puede resolver el problema del abastecimiento, pero no garantiza por sí solo competitividad. El desafío será evitar que el incremento del costo energético termine reduciendo márgenes, inversiones y producción agropecuaria. Para Nacif, la respuesta pasa por abrir otras variables que durante años han limitado al sector, entre ellas la biotecnología y mercados más abiertos. En otras palabras, si el diésel deja de subsidiar artificialmente parte del costo productivo, la economía boliviana tendrá que compensar esa presión mediante mayor productividad, innovación y acceso comercial; de lo contrario, la normalización de las estaciones de servicio podría convivir con una nueva presión sobre la rentabilidad del agro.




Fuente: Abner Flores/ENERGÍABolivia




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