EL FIN DEL CONSENSO MUNDIAL sobre el clima (*)
La cooperación internacional frente al cambio climático atraviesa una etapa de creciente fragmentación. El financiamiento, las emisiones récord, las disputas geopolíticas y la desinformación profundizan las diferencias entre países y ponen en tensión los compromisos asumidos en el Acuerdo de París.
EDICIÓN 158 | 2026
ENERGÍABolivia
Sobre la base del documento “Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica”, de la CEPAL, se establece que la aprobación del Acuerdo de París en 2015 marcó uno de los principales momentos de convergencia de la diplomacia climática internacional. Casi todos los países reconocieron entonces al cambio climático como un riesgo sistémico que requería una respuesta coordinada a escala global. Sin embargo, una década después, aquel consenso enfrenta profundas tensiones.
El documento sostiene que la política climática internacional se encuentra cada vez más condicionada por los ciclos electorales nacionales, las prioridades económicas y las disputas geopolíticas. Un ejemplo de esta inestabilidad es Estados Unidos: tras retirarse del Acuerdo de París en 2017 y reincorporarse posteriormente, volvió a notificar su salida, que entró formalmente en vigor a comienzos de 2026, según el Servicio de Estudios del Parlamento Europeo.
DEL FINANCIAMIENTO CLIMÁTICO
En este marco, refiere que el financiamiento climático se convirtió en uno de los principales escenarios de esta disputa. Los países desarrollados habían asumido el compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo. El objetivo fue alcanzado, aunque con retraso, en 2022, cuando se movilizaron 115.900 millones de dólares, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Empero, el debate internacional ya se encuentra muy por encima de aquella cifra.
Durante la COP30, celebrada en Belém, Brasil, a finales de 2025, las discusiones se concentraron en la magnitud de los recursos necesarios para enfrentar la crisis climática. El proceso desembocó en un objetivo de alcanzar al menos 1,3 billones de dólares anuales para 2035 destinados a la acción climática en los países en desarrollo.
El salto en las necesidades financieras también expuso diferencias profundas sobre quién debe asumir los costos de la transición. Las discusiones abarcan cuestiones como las condiciones de acceso a los recursos, la adicionalidad del financiamiento y la forma en que deben administrarse los fondos.

“…el cambio climático dejó de ser solamente un desafío ambiental y se convirtió en un espacio donde convergen conflictos económicos, políticos, sociales y geopolíticos.”
UNA BRECHA QUE AFECTA ESPECIALMENTE A LOS PAÍSES MÁS VULNERABLES, CUÁNDO NO…
La CEPAL deja ver que detrás de la disputa financiera existe también una diferencia de perspectivas sobre cómo debe enfrentarse la crisis climática. Mientras algunos países y organizaciones reclaman una mayor cooperación internacional y consideran centrales la equidad entre generaciones y los límites ecológicos, otros priorizan el crecimiento económico, la soberanía nacional y el carácter voluntario de los compromisos climáticos.
Por tanto, se advierte que para los pequeños Estados insulares en desarrollo, las consecuencias de esta brecha son particularmente concretas.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señala que las pequeñas islas se encuentran entre los territorios más expuestos al aumento del nivel del mar, la erosión costera y los fenómenos meteorológicos extremos. Al mismo tiempo, tanto los pequeños Estados insulares como los países menos adelantados presentan emisiones per cápita muy inferiores al promedio mundial.
La desigualdad entre responsabilidad y vulnerabilidad se convierte así en uno de los principales puntos de tensión de las negociaciones internacionales, desde la perspectiva de la CEPAL.
EMISIONES RÉCORD Y COMPROMISOS INSUFICIENTES
El documento también señala que la distancia entre los compromisos diplomáticos y la evolución real de las emisiones constituye otro de los principales pro blemas.
Destaca, en este marco, que el Emissions Gap Report 2025, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), informó que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcanzaron un récord de 57,7 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente en 2024.
Desde esta perspectiva, la tendencia contrasta con la magnitud de las reducciones necesarias para cumplir con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Según el PNUMA, para mantener esa trayectoria las emisiones deberían reducirse drásticamente: un 42% para 2030 respecto de los niveles de 2019.
Indica, asimismo, que las contribuciones determinadas a nivel nacional —los compromisos climáticos que cada país presenta en el marco del Acuerdo de París— siguen estando lejos de representar, en conjunto, el volumen de reducciones necesario.
El problema, por lo tanto, ya no se limita a la existencia de compromisos internacionales, sino a la distancia entre esos compromisos y las políticas capaces de concretarlos.
LA DISPUTA POLÍTICA TAMBIÉN ALCANZA AL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
Un tema interesante que menciona es que la fragmentación de la política climática se expresa además en el debate público.
Por un lado, dice que distintos gobiernos, organizaciones y sectores sociales reclaman transformaciones profundas en los sistemas de producción y en los patrones de consumo. Desde esta perspectiva, remarca que sostienen que la magnitud de la crisis exige cambios estructurales y rápidos.
En sentido contrario, hace notar que determinados actores estatales y empresariales cuestionan el alcance de las obligaciones ambientales o priorizan el derecho al desarrollo y la soberanía nacional frente a nuevas exigencias climáticas.
Está claro que a estas posiciones se suma el escepticismo y el negacionismo climático. Aunque estas perspectivas representan una posición minoritaria frente al amplio consenso científico sobre la existencia y las causas del cambio climático, sus argumentos han adquirido relevancia política en distintos países. En algunos casos, cuestionan la urgencia de la crisis o presentan las políticas climáticas como una amenaza para el crecimiento económico.
La disputa no queda restringida a los debates nacionales. También repercute en las elecciones, en las políticas regulatorias y en las negociaciones internacionales.
LA DESINFORMACIÓN COMO NUEVO FRENTE DE CONFLICTO
La CEPAL destaca que a la fragmentación política se suma otro factor: el deterioro del entorno informativo. En esta línea, sostiene que el Global Risks Report 2025 del Foro Económico Mundial ubicó la desinformación y la información errónea entre las principales amenazas sistémicas de corto plazo. En materia climática, el problema adquiere una dimensión adicional porque la circulación de información falsa o engañosa puede afectar la percepción pública sobre la magnitud de la crisis y sobre las medidas necesarias para enfrentarla.
Recuerda que en 2025, durante la COP30, se presentó la Declaración sobre la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático, que identificó la desinformación coordinada, el negacionismo y los ataques contra voces científicas como obstáculos para la gobernanza climática.
El conflicto climático, de esta manera, también se desarrolla en el terreno de la información. La disputa ya no consiste únicamente en cuánto reducir las emisiones o cuánto dinero movilizar, sino también en qué información logra instalarse en la opinión pública y orientar las decisiones políticas.
DE LA CONVERGENCIA A LA FRAGMENTACIÓN
El escenario internacional, señalada por la CEPAL muestra una transformación profunda respecto del espíritu de convergencia que acompañó al Acuerdo de París.
En este marco, es posible decir que la cooperación climática no ha desaparecido; pero, enfrenta mayores dificultades para traducirse en compromisos sostenidos y políticas coordinadas. Las diferencias sobre el financiamiento, la responsabilidad histórica, el desarrollo económico y la soberanía nacional se combinan con una trayectoria de emisiones que continúa alejándose de los objetivos establecidos.
A esto se suman los cambios de orientación derivados de los ciclos políticos nacionales, las tensiones geopolíticas y un entorno informativo cada vez más disputado.
Se puede deducir, consiguientemente, que el resultado es una nueva etapa para la gobernanza climática: el cambio climático dejó de ser solamente un desafío ambiental y se convirtió en un espacio donde convergen conflictos económicos, políticos, sociales y geopolíticos.
La principal dificultad para la acción internacional ya no parece ser únicamente alcanzar nuevos acuerdos, sino sostenerlos en un escenario global cada vez más fragmentado.

La CEPAL destaca que a la fragmentación política se suma otro factor: el deterioro del entorno informativo.”
(*) Fuente: Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe. (2026). Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica (LC/PUB.2026/10). Comisión Económica para América Latina y el Caribe.



